Entrevista con María Castelló: Neurociencia, salud mental y el arte de conectar ciencia y sociedad

Entrevista con María Castelló: Neurociencia, salud mental y el arte de conectar ciencia y sociedad

 

María Castelló vive en Montevideo, Uruguay, pero lleva el mundo en la cabeza. Con raíces familiares en Formentera (España) y una trayectoria que cruza continentes, disciplinas y generaciones, María es neurobióloga, docente, investigadora, counselor, activista científica y, sobre todo, una constructora de puentes.

Con más de 20 años en el campo de la neurociencia y una carrera que abarca desde la investigación básica hasta la diplomacia científica, ha logrado algo poco común: salir del laboratorio para llevar la ciencia a las aulas, a los medios, a los decisores políticos y a las comunidades. Cofundadora de iniciativas como FIBRAS.org, ANT,  ANT4Kids, y Conexión Austral, impulsora de la Iniciativa Cerebro Latinoamericana (LATbrain), y líder de DICIENTS, María trabaja cada día para que entender el cerebro sea también entendernos como sociedad.

En esta conversación para Fundación Progressio Ecuador —que compartimos en el marco del Día Internacional del Cerebro— hablamos con ella sobre salud mental, neurociencia, educación, diplomacia científica y los desafíos de comunicar ciencia en un mundo cada vez más ruidoso.

 

 

María, tu recorrido combina investigación científica, docencia, arte, activismo y comunicación. Si miras hacia atrás, ¿qué momentos o decisiones dirías que marcaron el rumbo de tu carrera?

Son varios esos momentos, que atesoro, ligados a personas que admiro, aprecio y están en mí. Siempre me gustó estudiar. Hija de madre maestra apasionada por la naturaleza, privilegiada de compartir con un hermano que estudió veterinaria una infancia en contacto con la naturaleza, mi interés por las ciencias de la vida surgió tempranamente. De adolescente, mis intereses eran amplios, aunque no me resultó fácil elegir carrera universitaria, mi formación inicial fue en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Montevideo, Uruguay). Pronto llegó el primer momento decisivo en mi carrera: cuando descubrí mi fascinación por las neurociencias y la investigación científica. Poco tiempo después de comenzar la carrera de Doctor en Medicina, me vinculé al Departamento de Histología y Embriología e inicié mi carrera de docente universitaria. Tuve el privilegio de que varios/as docentes de mayor trayectoria eran también investigadores/as y su campo de estudio eran las neurociencias. Así descubrí un mundo totalmente nuevo, desafiante y por demás interesante al que soñaba integrarme! Esa fue la puerta de entrada al Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, donde inicié mi carrera como neurocientífica. En aquel entonces también surgió el Programa para el Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA) y comencé mi formación de postgrado, primero de Maestría y luego Doctorado en Neurociencias. Son varias las personas de aquellos años que dejaron huella en mí. Recuerdo particularmente a la Profesora Milka Radmilovich, a quien aprecio como “madre científica” y con quien hemos cultivado una profunda amistad. 

Otro momento clave en mi carrera ocurrió al terminar el doctorado, cuando aprendí, por haberlo vivido, el poder del agradecimiento. Asistí al congreso anual de la Sociedad de Neurociencias de Estados Unidos (SfN), y al evento satélite del JB Johnston Club for Evolutionary Neuroscience. Allí conocí en persona a la autora de varias publicaciones muy relevantes al tema de mi tesis de Doctorado: Catherine Carr, con su figura chiquita, irradiaba entre un conjunto de estudiantes. Me acerqué a agradecerle por su generosidad y me sorprendió invitándome a postular al famoso curso Neural Systems & Behavior del Marine Biological Laboratory, en el soñado Woods Hole (MA, EEUU). Así, me abrió las puertas a un nuevo mundo, un lugar de referencia de la ciencia, particularmente las neurociencias, donde tuve el privilegio de conocer y compartir momentos inolvidables con grandes neurocientíficos latinoamericanos, referentes de todos los tiempos, como el entrañable Ricardo Miedo, y el famoso Rodolfo Llinás, entre tantos…

 

 

Como neurobióloga, trabajas con algo fascinante y misterioso: el cerebro. ¿Qué fue lo que te atrapó de este órgano y qué te sigue sorprendiendo hoy?

Lo que me atrapa es que el sistema nervioso, y en particular el cerebro, son las estructuras más maravillosas, y al mismo tiempo las más complejas del universo. Un tesoro que aún esconde múltiples secretos, entre ellos, cómo de su intrincada estructura y complejo funcionamiento emergen las capacidades mentales, cualidades que caracterizan a cada individuo de cada especie, y han permitido el desarrollo, supervivencia y evolución en un mundo en constante cambio. Es el sistema nervioso, en íntimo contacto con el resto del cuerpo que oficia de puente con el mundo, la fuente de las representaciones mentales, o hipótesis de lo que pueda estar ocurriendo alrededor nuestro. Para ello, el sistema nervioso se basa en el procesamiento de la información entrante, que contrasta con información sobre experiencias previas. Es a partir de esos procesamientos, que selecciona y comanda acciones sobre el mundo, que lo cambian y nos permiten  adaptarnos. Y todo eso, sin siquiera darnos cuenta de las 86 billones de neuronas que forman  nuestro cerebro conectadas y dialogando a través de 1 billón de sinapsis! Uno de los aspectos más interesantes desde el punto de vista filosófico es que justamente el cerebro es el único órgano que se estudia a sí mismo, y trata de comprenderse.

 

 

A lo largo de los años, has promovido proyectos como ANT, ANT4Kids, la iniciativa LATbrain, la red DICIENTS y la ONG FIBRAS.org. ¿Qué papel juegan estas iniciativas en acercar la neurociencia a la sociedad?

Esas iniciativas, y otras que estoy co-construyendo, permiten acercar la pasión por la neurociencia a la sociedad. incluyendo a cada ciudadana/o, así como también a profesionales de la educación, de la salud, de empresas tecnológicas, y a tomadores de decisiones involucrados en el diseño e implementación de políticas públicas, entre otros. Parto de la convicción de que aumentando la comprensión del sistema nervioso y su papel en todo lo que cada persona puede, y aún en lo que no pueda hacer, es que se podrá también promover un mayor cuidado del cerebro. Considero fundamental generar conciencia sobre la necesidad de cuidar el cerebro a lo largo de toda la vida, desde el nacimiento —e incluso antes—, para promover un desarrollo y una salud cerebral que permitan maximizar tanto el potencial cognitivo como la salud mental.. Se trata de cultivar salud cerebral y mental en cada nueva persona, en vez de revertir el daño una vez instalada una enfermedad mental o cerebral.  Para lograr un adecuado desarrollo cerebral y mental es fundamental garantizar algunos derechos fundamentales, incluyendo alimentación saludable, ejercicio físico, sueño de calidad y educación, de calidad y adecuados para cada etapa de la vida. A la par, evitar experiencias adversas en la niñez y disminuir el estrés y su impacto a lo largo de toda la vida. Este cambio permitirá impactar en la calidad de vida, a lo largo de toda la vida de todas las personas.  

Como parte del colectivo ANT —Arte, Neurociencias y Tecnología—  (ant.net.uy) participo en un proyecto profundamente interdisciplinario que explora, a través de dispositivos críticos y lúdicos, nuevas formas de creación, interacción y reflexión sobre temáticas contemporáneas. En ANT integramos saberes desde las neurociencias, la tecnología y las artes performáticas para diseñar experiencias únicas, instaladas en el presente, donde el público es protagonista activo. Nuestros proyectos investigan cómo la actividad cerebral puede dialogar en tiempo real con entornos audiovisuales modelados mediante algoritmos de aprendizaje automático, generando así nuevas formas de interacción y co-creación. Cada experiencia es irrepetible y se convierte en el punto de partida de otras, construyendo una obra en evolución, sensible y viva. Más allá de lo artístico, ANT es también una plataforma para la divulgación de la neurociencia, el arte y la inteligencia artificial, y una invitación a reconocer el poder de la cultura como fuente de bienestar y desarrollo humano. Para mí, ANT es una manera de investigar y comunicar desde el cuerpo, la mente y la emoción, en un diálogo constante con la tecnología y lo colectivo.

Desde ANT también impulsamos ANT4Kids, un colectivo sin fines de lucro que coordino junto a estudiantes, docentes y profesionales comprometidos con la divulgación del conocimiento. ANT4Kids organiza talleres interactivos y prácticos dirigidos a niños, niñas, adolescentes, docentes y familias, donde exploramos juntos el fascinante mundo de la neurociencia, la microscopía y la programación. Nuestra propuesta busca despertar la curiosidad y el pensamiento crítico desde edades tempranas, promoviendo el uso de tecnologías accesibles y la metodología de aprendizaje basado en proyectos, tanto en el aula como en el hogar. Como iniciativa vinculada a ANT, al Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) y a FIBRAS, ANT4Kids representa una confluencia entre ciencia, arte y comunidad, desde una mirada sensible, inclusiva y situada. Formamos un equipo interdisciplinario con integrantes de diversas áreas —como la psicología, la ingeniería, las ciencias biológicas, la neurociencia, la ciencia de datos y la microscopía—, convencidos de que el conocimiento compartido es una herramienta poderosa para transformar realidades y ampliar horizontes desde la infancia.

 

 

Sabemos que la salud mental es un tema que atraviesa varios de tus proyectos. Desde tu perspectiva científica, ¿qué estamos entendiendo mejor hoy sobre el bienestar mental y emocional?

Una de los aspectos en los que creo que hemos mejorado, es entender que somos todos diferentes, neurodiversos, es decir, hemos desarrollado en distinto grado, distintas habilidades cognitivas, emocionales y comportamentales. También hemos logrado comprender que, lejos de ser una desventaja como se creía antes, la neurodiversidad es una fuente de riqueza, de creatividad. Esa comprensión, que conlleva aceptación, de sí mismo y del otro, también es fuente de tolerancia, empatía, ambas fundamentales para desarrollar una cultura de la paz, tan necesaria en este momento tan convulsionado del mundo.

 

 

Has investigado temas como mindfulness, autocompasión y empatía, incluso midiendo indicadores neurofisiológicos. ¿Qué aprendizajes te han dejado estos estudios sobre cómo podemos cuidar nuestra salud mental en el día a día?

En un mundo colmado de estímulos, muchos estresantes, es posible cultivar el cuidado de nuestra salud mental día a día. Además de las que mencioné anteriormente, hay hábitos saludables que podemos cultivar a lo largo de toda la vida. 

También podemos cultivar habilidades ancestrales como la meditación. El mindfulness, es una forma de meditar, enfocándonos en el momento presente, en el aquí y ahora, a través de tomar conciencia de nuestra respiración. 

Hemos investigado el impacto del entrenamiento virtual en un programa de mindfulness y autocompasión en maestras de Uruguay. Encontramos que el entrenamiento disminuye los niveles de estrés percibido, aumenta el bienestar autorreportado, provoca beneficios a nivel psicológico y fisiológico, y aumenta dimensiones positivas de la autocompasión, y la recuperación autonómica post-estrés. 

No es la única manera de cuidar de nuestra salud mental, pero es relativamente fácil de implementar, por casi cualquier persona, y sin costo. 

 

 

Eres fundadora de DICIENTS, una iniciativa pionera que une diplomacia científica y neurociencia. ¿Cómo nació esta idea y por qué crees que es crucial formar científicos como buenos comunicadores e interlocutores sociales?

En 2020, cuando fue muy evidente el papel fundamental de la investigación científica para poder hacer frente a la pandemia por Covid-19, el presupuesto de ciencia bajó en Uruguay y otros países de la región y del mundo. Eso me llevó a pensar que era necesario, casi imprescindible, que la comunidad científica mejorara su capacidad de comunicar la relevancia de la ciencia al resto de la sociedad, y particularmente a quienes toman las decisiones, quienes deciden las políticas públicas, y la distribución del gasto público.  

Y como soy de las personas  no solamente me gusta soñar, sino crear mejores futuros posibles, ideé una serie de cursos de postgrado sobre Diplomacia Científica con foco en Neurociencias, para América Latina (2021) y el Sur Global (2022 y 2023). Formaron parte de la currícula de postgrado en Ciencias Biológicas (Neurociencias) del Programa para el Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA), con el apoyo de la Global Engagement Initiative de la International Brain Research Organization (IBRO). Esta fue una iniciativa de formación interdisciplinaria,  organizada en colaboración con Guillermo Anlló -UNESCO Montevideo, y Marga Gual Soler (en la edición 2021), contando con la participación de excelentes planteles de docentes internacionales tanto en Diplomacia Científica como Neurociencias.. 

En el correr de tres años se formaron en Neurodiplomacia alrededor de 150 personas, con formaciones iniciales diversas, científicas y humanísticas, con quienes creamos a principios de 2024 la Red Diplomacia Científica, Neurociencia, Tecnología y Sociedad (DICIENTS). Esta es una comunidad de práctica multidisciplinaria, colaborativa, guiada por valores humanísticos y basada en la evidencia, comprometida con la promoción del avance ético y equitativo de la investigación neurocientífica y las tecnologías (Argueta et al., 2025). La visión de DICIENTS es convertirse en una red regional líder para la articulación de la Diplomacia Científica con la neurociencia y la tecnología, con el fin de potenciar su impacto como herramientas para abordar desafíos sociales como la salud mental y cerebral. El objetivo principal es promover todas las dimensiones de la Diplomacia Científica con el fin de avanzar en el derecho a la ciencia, y los Objetivos de Desarrollo Interior, como camino para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y mejorar la salud mental y cerebral en América Latina y el Caribe.

 

 

Durante la pandemia, surgieron muchas preguntas sobre el rol de la ciencia en la toma de decisiones públicas. ¿Qué lecciones crees que nos dejó este tiempo sobre la relación entre ciencia, política y sociedad?

La pandemia por Covid-19 ofreció la oportunidad de mostrar cómo el conocimiento científico, cuando es considerado en la toma de decisiones, tiene un impacto positivo en el bienestar social. Las experiencias fueron divergentes entre países, e incluso entre distintos momentos de la pandemia para un mismo país, mostrando el costo en vidas humanas de la desestimación de las evidencias científicas. Mostró las tensiones entre la necesidad de preservar el bienestar social y por otra parte, preservar la economía, impactando de manera opuesta en la toma de decisiones. Igualmente, puso en evidencia las consecuencias para la salud mental de las acciones necesarias para preservar la salud física, generando dilemas éticos. Todo esto hace a una realidad multidimensional y compleja y los delicados equilibrios que subyacen a la convivencia pacífica. 

 

 

Además de tu trabajo científico, impulsas iniciativas sobre bienestar organizacional, como Conexión Austral. ¿Qué desafíos ves hoy en las instituciones que trabajan en ciencia, salud y educación respecto al autocuidado de sus equipos?

Conexión Austral es una de las más recientes iniciativas, que hemos co-creado y fundado con mi colega y amiga Fernanda Sobrido. En un contexto laboral cada vez exigente y estresante, esta iniciativa surge de constatar los desafíos que enfrentan las organizaciones e instituciones -en el ámbito tecnológico, e incluso en el ámbito educativo, de la salud y la ciencia-, de garantizar el bienestar de quienes en ellas se desempeñan a la par de cumplir con sus cometidos empresariales y/o sociales. El desafío de superar la tensión entre lo humano y otras dimensiones, como la económica, para lograr una cultura del trabajo más consciente, ética y sostenible. El desafío de “ver” a cada una/o de sus integrantes, por encima y más allá de la tarea específica que desempeñe, con sus sueños y expectativas, sus preocupaciones y dolores, Cuidar de quien cuida, de quien enseña, y de quien crea nuevos conocimientos, de quien innova.. Poner foco en su bienestar, ante todo por y para ellas/os, confiando que derramará en el bienestar de las organizaciones e instituciones.

 Soñamos con que Conexión Austral sea un espacio que promueva el bienestar y la salud organizacional, integrando de manera creativa y transformadora el counseling, la neurociencia y la filosofía, desde nuestro norte, que es el Sur…

Además, como cofundadora y prosecretaria de FIBRAS (Fibras.org), ideada por Diego Sastre, participo activamente en un ecosistema colaborativo donde personas, empresas y organizaciones nos unimos para apoyar y acelerar proyectos e ideas que, a través de la tecnología, buscan generar impacto social positivo. FIBRAS es una comunidad multidisciplinaria que combina saberes y experiencia en tecnología, medicina, neurociencias, psicología, educación e investigación, con la convicción de que es posible unir tecnología y humanismo para transformar realidades. Nuestros pilares son la sinergia y la colaboración en sincronía hacia un propósito común: promover el bienestar, la salud, la sostenibilidad, el ambiente, la educación y el empleo. A través de nuestra plataforma Fibras en Sincronía, cocreamos y promovemos Compromisos Sostenibles, definidos por la propia comunidad en comisiones, subcomunidades y proyectos con enfoque de triple impacto. Quienes adhieren a estos compromisos lo hacen con la intención genuina de transformar, confiando en la comunidad que acompaña, colabora y vela para evitar el lavado de imagen. En FIBRAS creemos en el poder de las alianzas y tejemos conexiones con una red diversa de organizaciones comprometidas con la sostenibilidad, la innovación y el progreso social. Esta experiencia representa, para mí, una forma concreta de hacer ciencia con conciencia, propósito y anclaje territorial

 

 

Si pensamos en América Latina, ¿qué oportunidades y desafíos ves para fortalecer la investigación en neurociencias y el trabajo en red regional?

América Latina enfrenta desafíos estructurales, a la par de oportunidades para fortalecer la investigación en neurociencias y el trabajo en red regional.

Por un lado, los desafíos persisten y son profundos:

  • Rezago histórico en el financiamiento sostenido de la ciencia -fuertemente agravado en Argentina, en particular-.
  • Brechas en infraestructura y equipamiento entre países, e incluso entre regiones de varios países.
  • Desigualdad en la formación de recursos humanos.
  • Escasa participación en la gobernanza internacional del conocimiento neurocientífico. A pesar de la existencia de importantes contribuciones históricas (como las de Clemente Estable o la participación temprana en redes internacionales), la región ha estado mayormente ausente del “mapa global” de las grandes iniciativas cerebro.

Sin embargo, esta situación ha comenzado a transformarse gracias a la creación de iniciativas regionales como la Iniciativa Cerebro Latinoamericana (LATBrain), el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebra (BRAINLat) y la Red Diplomacia  Científica, Neurociencia, tecnología y Sociedad (DICIENTS),

La idea de crear LATBrain surgió de manera natural al constatar que, si bien en distintas partes del mundo se estaban desarrollando diversas iniciativas cerebro —a nivel continental o nacional—, no existía una iniciativa cerebro Latinoamericana. Fue así que, entre fines de 2018 y comienzos de 2019, propuse la creación de LATBrain. Para tal fin co-organicé el I LATBrain Meeting que tuvo lugar en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable con la participación de varios miembros de la comunidad neurocientífica latinoamericana, representando, institutos, redes, y sociedades nacionales, enfocadas en neurociencia, IBRO-LARC y FALAN, representantes de secretarías de ciencia y ministerios de varios países de América Latina, Contamos también con la participación de Rafael Yuste (Iniciativa BRAIN, Estados Unidos), Linda Richards (Australian Brain Alliance, Australia, e International Brain Initiative), Zoltan Molnar (Medical Research Council, (Reino Unido), y Catherine Carr (GRASS Foundation, Estados Unidos). En su documento fundacional se establece que LATBrain busca fortalecer la investigación y las actividades vinculadas al estudio del cerebro mediante la colaboración y el intercambio de conocimiento entre distintos enfoques latinoamericanos, con el objetivo de generar y difundir nuevos saberes y aplicaciones científicas en beneficio de la región y del mundo. Su propósito es desarrollar una agenda científica que responda a las necesidades, contextos y prioridades de la región.

Por otra parte, el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat), dirigido por Agustín Ibañez, con sede en la Universidad Adolfo Ibáñez y en alianza con el Global Brain Health Institute (UCSF y TCD), impulsa el liderazgo en investigación innovadora sobre salud cerebral en América Latina, promoviendo la colaboración internacional, la prevención y el abordaje de la demencia. Su misión incluye fomentar la investigación multidisciplinaria, formar líderes a través de programas de posgrado y capacitación, y articular ciencia, educación e implementación para reducir el impacto regional de las enfermedades cerebrales.

Más recientemente, la Red DICIENTS representa una innovación, pues no solo promueve la investigación neurocientífica, sino que introduce marcos de diplomacia científica y neuroética como ejes estructurantes de su accionar. DICIENTS propone una ciencia al servicio del bienestar, la equidad y la inclusión, y se consolida como espacio de formación, incidencia y cooperación multiactoral. También aboga por integrar dimensiones políticas, sociales y epistémicas en la producción de conocimiento neurocientífico, con especial atención a los derechos humanos, la justicia cognitiva y la participación de comunidades históricamente subrepresentadas.

Considero que la existencia de las mencionadas iniciativas y su potencial articulación futura representa una oportunidad estratégica para consolidar una neurociencia latinoamericana con identidad propia, capaz de contribuir activamente a los desafíos globales desde una perspectiva situada. Apostar a la integración regional, al fortalecimiento de capacidades, a la inclusión de saberes diversos y a una visión ética y colaborativa de la neurociencia es clave para que América Latina logre avanzar hacia una soberanía epistémica real en el campo de las neurociencias. 

Los principales desafíos actuales están en superar la desinformación y la desconfianza sembrada por actores políticos regionales e internacionales. Tengamos presente que estos desafíos pueden ser neutralizados, o al menos contrarrestados, mediante la promoción de la ciencia abierta, la cultura científica y la ciencia ciudadana. 

 

 

Para cerrar, en esta semana dedicada al cerebro, ¿qué mensaje te gustaría dejarle a quienes nos leen sobre el cuidado de su salud mental y la importancia de impulsar la ciencia como herramienta para el bienestar común?

La salud como lo expresa la OMS es "un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades". La salud mental es parte integral de los Derechos Humanos, y debería ser una prioridad de salud pública. Las leyes existentes frecuentemente no suelen abordar adecuadamente la discriminación ni las violaciones de derechos humanos, incluso en entornos de atención. Por ello, la OMS propone un enfoque centrado en los derechos, promoviendo la desinstitucionalización, el acceso a servicios comunitarios de calidad y el respeto por la dignidad de las personas, eliminando prácticas coercitivas que pueden contribuir a lograr el pleno ejercicio del derecho a la Salud Mental. 

Desde las neurociencias, sabemos que una de las características distintivas del cerebro es su plasticidad, siendo moldeado por nuestras experiencias, vínculos y entornos. Cuidar la salud mental no solo implica prevenir o tratar trastornos, sino también promover el bienestar, la autorregulación emocional, el sentido de propósito y la capacidad de conexión humana. Desde la psicología humanista y el enfoque centrado en la persona de Carl Rogers, invito a quienes sientan la necesidad y compromiso de cuidar de su salud mental y la de quienes les rodean -ya sea a nivel familiar, laboral o de estudios-, a comprometerse con la creación de entornos de aceptación, empatía y autenticidad que permitan que cada individuo pueda expresar su mayor potencial. Considero que cuidar de nuestra salud mental es también un acto de responsabilidad colectiva, y un compromiso con una sociedad más justa, compasiva y consciente. 

Por otra parte, creo que impulsar la ciencia —y en particular las neurociencias— como herramienta para el bienestar común, significa no solamente generar conocimiento riguroso, sino hacerlo dialogar con los valores humanos, y que se traduzca en políticas, prácticas y comunidades que favorezcan la equidad, la inclusión y el florecimiento humano. 

 

 

Desde Fundación Progressio Ecuador agradecemos profundamente a María Castelló por abrirnos una ventana a su historia, su trabajo y su visión de mundo. Su recorrido nos inspira a entender que la ciencia no es solo un asunto de laboratorios, papers o congresos: es también un acto de conexión humana, de escucha, de cuidado y de responsabilidad colectiva.

En un tiempo donde hablar de salud mental es más urgente que nunca, María nos recuerda que cuidar el cerebro es también cuidar el tejido que nos une como sociedad: nuestras emociones, nuestra empatía, nuestra capacidad de transformar lo que nos duele en conocimiento y lo que sabemos en bienestar.

 

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