Rocío Vergara Chalhoub: De la acción local a la visión global, una trayectoria en desarrollo y cooperación internacional

Rocío Vergara Chalhoub: De la acción local a la visión global, una trayectoria en desarrollo y cooperación internacional

 

 

Por Fundación Progressio Ecuador

Hay trayectorias que avanzan en línea recta. Otras se construyen desde la perseverancia, el aprendizaje continuo y la convicción profunda de que el servicio público transforma vidas. La historia de Rocío Vergara Chalhoub, hoy Especialista Regional de Portafolio en la Oficina de Voluntarios ONU para América Latina y El Caribe, pertenece a la segunda categoría: la de quienes se abrieron paso con esfuerzo y preparación, pese a no tener el camino allanado.

Nacida y criada en Quito, con 43 años y dos décadas de trabajo dedicadas al desarrollo, Rocío pertenece a una generación de mujeres latinoamericanas que han construido una carrera en el ámbito internacional, tejiendo sus propias redes y sin privilegios heredados. Su trayectoria se sostiene en tres pilares: mérito, servicio y una ética de trabajo imposible de pasar por alto.

Con su trayectoria en el campo del desarrollo y la cooperación internacional, y hoy desde su puesto regional en Panamá, contribuye activamente a la articulación del voluntariado para el desarrollo, los sistemas de cooperación y la innovación social. Su historia (tan ecuatoriana como universal) muestra que la transformación social se escribe con trabajo, sensibilidad y compromiso.

 

 

Empecé con cero contactos. Solo sabía que quería aportar.

Cuando Rocío ingresó a estudiar Comunicación Social para el Desarrollo en el año 2000, la disciplina era una apuesta nueva para promover el cambio social a través de una sociedad más informada y participativa. A medida que avanzaba, su comprensión e interés por el campo del desarrollo se fue afinando.

Su inserción laboral profesional no fue fácil. Aunque trabajó desde muy joven y durante toda la carrera, luego de titularse,tardó tres años en encontrar una primera oportunidad vinculada a su profesión. “Toda mi familia venía del mundo de los negocios; yo entraba a un terreno donde no tenía contactos ni redes que abrieran puertas”. Una pequeña consultoría en el campo ambiental fue el inicio de un mundo nuevo por descubrir.

Aquella experiencia la llevó a su primer puesto como oficial de comunicación en una ONG ambiental. Allí encontró inspiración, rigor técnico, y una fuente muy valiosa de aprendizajes, en los tiempos de la Asamblea Constituyente, donde el Ecuador decidió reconocer en su Constitución los derechos de la naturaleza. Esta experiencia le dio una mirada sistémica del país que marcaría toda su carrera.

De lo socioambiental a la cooperación internacional

“Para transformar un país es necesario conocer sus distintas realidades y también hay que comprender cómo funciona el Estado”. Su primera experiencia en el servicio público fue como Coordinadora de Educación Ambiental en el Ministerio del Ambiente, y lo describe como un “baño de realidad”. El contacto con el sector público le mostró las tensiones entre necesidades urgentes, estructuras institucionales burocráticas y recursos limitados.

La experiencia en el campo ambiental la inspiró para estudiar una Maestría en Estudios Socioambientales en FLACSO Ecuador. Tras graduarse,  tomó una decisión que le daría un giro a su camino profesional. Una nueva búsqueda de trabajo le trajo dos ofertas interesantes: un voluntariado profesional con la ONU para contribuir a la Comunicación Nacional de Cambio Climático; o un puesto como Analista Territorial en la entonces Secretaría Técnica de Cooperación Internacional (SETECI). Optó por esta última, que le permitió explorar un nuevo campo en un contexto de descentralización de competencias en Ecuador y auge de la Cooperación Sur-Sur en Latinoamérica. Aunque fueron solo seis meses, lo describe como una experiencia enriquecedora, su puerta de entrada al mundo de la cooperación internacional, donde además cursó su primer diplomado en Cooperación Sur-Sur.

Esa experiencia abrió otras puertas: la Asociación de Municipalidades, como Coordinadora Nacional de Cooperación Internacional, destacando lo valioso del trabajo en territorio, con los 221 municipios del país; otro diplomado en en Cooperación Sur-Sur y Triangular, un breve retorno a la SETECI como responsable de Cooperación Sur-Sur, un tiempo de consultorías con organismos de cooperación, para luego dar un nuevo giro a una de sus experiencias más significativas, en la entonces Secretaría Técnica de Educación Superior (SENESCYT).

 

 

Educación, derechos humanos y el nacimiento de un propósito

Rocío describe su paso por la SENESCYT como la mejor experiencia de aprendizaje en términos de política pública de alto impacto. Lideró el equipo que aseguraba la oferta de cupos universitarios, como parte de un proyecto ambicioso de admisión a la educación superior. Además, tenía a cargo dos importantes proyectos: la política de cuotas para garantizar el acceso a la educación superior a grupos históricamente excluidos y discriminados, y  —uno de los hitos más potentes de su trayectoria— un programa de acceso a educación superior en centros penitenciarios. No solo gestionó cupos y alianzas con universidades: contribuyó para que personas privadas de libertad pudieran ejercer un derecho históricamente negado, el de la educación, como factor habilitante para un proceso real de rehabilitación social.

En paralelo, atravesaba su primer embarazo mientras recorría más de 40 universidades públicas y cofinanciadas para presentar reportes de oferta y demanda académica y definir la oferta de cupos. También visitaba centros penitenciarios y coordinaba acciones para garantizar el derecho a la educación de personas privadas de libertad. Lejos de intimidarla, esta experiencia le permitió comprender profundamente la relación entre delito y pobreza, dejándole aprendizajes invaluables y la firme convicción de que no hay desarrollo sin justicia social.

Tras un año y medio, decidió seguir adelante.

Cooperación internacional, democracia y crisis humanitaria

Rocío regresó a la Asociación de Municipalidades como coordinadora nacional de cooperación internacional , y unos meses después el país sufrió un fuerte  terremoto, el 16 de abril de 2016. La emergencia le reveló el potencial (y las limitaciones) del sistema local de cooperación.

Luego, un nuevo giro la llevó al Consejo Nacional Electoral, como vocal en la Junta Provincial Electoral de Pichincha durante los 8 meses que duró el proceso electoral 2017. Fue una experiencia intensa y la describe como única por la oportunidad de entender cómo se organiza un proceso electoral y las complejidades del sistema democrático representativo. Poco después ingresó a Cancillería como Directora de Cooperación Bi-multilateral y Regional. Fue responsable de las negociaciones y gestión de la cooperación bilateral, multilateral, regional y sur-sur desde el nivel más exigente del Estado. Más adelante, una responsabilidad más alta le fue asignada, como Subsecretaria de Cooperación Internacional. Fue una experiencia intensa y desafiante pero a la vez muy gratificante, donde tuvo la oportunidad de representar a su país en distintos espacios internacionales.

Esta trayectoria la preparó sin que ella lo supiera para su entrada a Voluntarios ONU Ecuador (UNV).

“Llegué cuando había 12 voluntarios. Cuando me fui, eran más de 400.”

Como Coordinadora País de UNV, Rocío vivió cinco años decisivos. No solo elevó el posicionamiento del programa: lo expandió, lo profesionalizó y lo hizo destacar en la región, con el apoyo de un equipo muy comprometido. Lideró la movilización de voluntarios para apoyar el trabajo de la ONU Ecuador en un contexto de crisis migratoria en la región, luego durante la  pandemia y la fase de recuperación, fortaleció alianzas e impulsó el alcance del programa hasta niveles históricos.

Con su segundo hijo recién nacido durante la pandemia, Rocío enfrentó el desafío que enfrentan millones de madres, de conciliar los cuidados de su familia y con un ritmo de trabajo demandante, en un contexto de mucha incertidumbre y donde la división entre el trabajo y el hogar se desdibujaba. Sin embargo, logró adaptarse y siente gratitud por haber estado en un espacio donde se garantizan los derechos y el balance de la vida personal y profesional. Cuando el programa estaba en su mejor momento, se abrió una vacante para el nivel regional, y decidió aplicar.

La seleccionaron.

 

 

Hoy, desde Panamá, apoya el trabajo de Voluntarios ONU en toda la región

Actualmente, Rocío Vergara Chalhoub es Especialista Regional de Portafolio para la Oficina Regional de Voluntarios ONU en América Latina y El Caribe. Supervisa la operación del programa en un grupo de países, contribuyendo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la cooperación multilateral, diseñando soluciones e innovando a través del voluntariado para algunos de los desafíos más complejos de la región.

¿Qué significa construir una carrera internacional sin redes heredadas, solo con mérito y perseverancia?

No fue fácil, sobre todo conseguir esa primera oportunidad que te permite entrar en el mundo profesional, que alguien apueste por ti sin tener experiencia ni conocerte mucho. Tener redes y quien te apoye o simplemente te de información y guía por supuesto es de gran ayuda, pero si no lo tienes no es imposible, solo un poco más difícil abrirte camino, y puede que te tome un poco más de tiempo. Con esa primera oportunidad sabía que lo único que me iba a sostener y permitir crecer son mis capacidades y conocimientos. Siempre estuve dispuesta a aprender y absorber lo que más podía, no solo del trabajo técnico sino de las dinámicas institucionales. Aprender a relacionarse en entornos laborales diversos es importante, y es lo que te permite construir tus propias redes, basadas en tu trabajo y los resultados que muestras. 

¿Cómo se sostiene el compromiso cuando los caminos del servicio público son largos, lentos o inciertos?

Con convicción, principios claros, y teniendo presente la causa a la que estás aportando.  Cuando inicié no tenía una meta clara de a dónde quería llegar, solo sabía que quería aportar en espacios enriquecedores y donde mi trabajo pudiera tener un impacto. No siempre fue fácil porque el servicio público puede ser a veces muy duro y frustrante, pero a pesar de eso yo siempre lo valoré y lo asumí como parte de la experiencia. La lentitud e incertidumbre son factores que aprendes a gestionar cuando entiendes que son parte de un sistema, que cuesta cambiarlo pero que tú, desde adentro, puedes hacer tu parte. Además, es importante siempre tener presente de dónde proviene tu salario, lo cual te da un mayor nivel de responsabilidad, sea en el servicio público nacional o internacional que es donde estoy ahora.  

 

 

¿Qué aprendizajes deja el trabajar simultáneamente en desarrollo, crisis humanitarias y educación en contextos vulnerables?

Yo tengo mucha gratitud por las enseñanzas que me dejaron todas las experiencias, incluso las no tan gratas. Quizás uno de los más importantes aprendizajes es que puedes tener los mejores proyectos, sistemas y recursos, pero no puedes hacer mucho sin voluntad política y sin el compromiso de personas capaces y motivadas. El trabajo en desarrollo es complejo porque es un campo muy amplio y cambiante, donde todo está interconectado, y las intervenciones efectivas requieren de mucha capacidad técnica, motivación y compromiso; y las crisis humanitarias requieren respuestas rápidas bajo liderazgos efectivos. A mi me gusta mucho el concepto de Nexus que promueve la ONU, un enfoque integrado entre desarrollo, acción humanitaria y construcción de paz, porque entendemos que las intervenciones aisladas no son suficientes. Cuando veo atrás, valoro que en algunas ocasiones tuve la fortuna de  trabajar en contextos específicos donde hubo mucha voluntad política y capacidad técnica para trabajar por causas importantes.

¿De qué manera el voluntariado puede convertirse en una herramienta estratégica para fortalecer Estados y sociedades?

Luego de siete años trabajando en este tema, reconozco que mi propia mirada del voluntariado era bastante limitada. Ahora se que el voluntariado, en sus distintos esquemas y modalidades, facilita conexiones y colaboraciones, y permite que las personas participen de forma activa en causas que les mueven, fortaleciendo el sentido de pertenencia. Es una herramienta muy efectiva para  la cohesión social y la construcción de comunidad, beneficiando al Estado y la sociedad. El  voluntariado brinda respuestas ágiles y amplía las capacidades institucionales para impulsar el desarrollo sostenible, mediante acciones y soluciones a problemas y necesidades concretas y cercanas. El interés por la ganancia económica cede paso a la solidaridad y al compromiso de aportar, convirtiéndose en un motor de cambio que fortalece el tejido social, algo más necesario que nunca en estos tiempos.

 

 

¿Qué desafíos enfrenta América Latina para articular cooperación con impacto real y sostenido?

Yo empecé en el mundo de la cooperación durante el auge de la Declaración de París y los cinco principios para la eficacia de la ayuda, cuando la Cooperación Sur-Sur y la integración regional se fortalecían en Latinoamérica y había un ánimo muy especial por promover una cooperación más eficaz, articulada y alineada a las necesidades de cada país, horizontal y sin condicionamientos. El contexto actual ha cambiado y enfrentamos muchos desafíos: el debilitamiento del multilateralismo y del sistema de cooperación internacional en un momento donde convergen múltiples crisis; la tendencia clara a la disminución de recursos de cooperación internacional para el desarrollo, y su incremento para defensa; y en muchos casos una institucionalidad débil para la gestión de cooperación internacional. Esto último es algo que cada país puede cambiar. Es necesario mejorar las capacidades y facilitar procesos para atraer más recursos pero también para definir con claridad las necesidades y gestionar los recursos de forma eficiente,  lo que se traduce en impactos reales y sostenidos.

¿Cómo se equilibra la maternidad con el trabajo en el ámbito internacional, especialmente durante una pandemia?

Equilibrar la maternidad con el trabajo nunca es fácil y durante la pandemia enfrentamos desafíos adicionales. La pandemia profundizó los problemas que ya existían y reafirmó la importancia de la sociedad de cuidado. Aunque había mucha incertidumbre y preocupación, yo reconozco el privilegio que tuve de poder vivir esa etapa en un lugar seguro y con la tranquilidad de mantener mi trabajo en un momento donde muchos empleos se perdieron, además, acompañada por una pareja que asume plenamente la paternidad. Los cuidados son esenciales para la economía y la vida, y como sociedad necesitamos poner en el centro del debate el fortalecimiento de las políticas de cuidados. La maternidad no puede convertirse en un castigo al desarrollo  profesional de las mujeres.

 

 

¿Qué experiencias de campo han marcado su visión sobre desigualdad, derechos humanos y resiliencia comunitaria?

Puedo mencionar varias: la evaluación de proyectos de agua potable y alcantarillado en la frontera norte del Ecuador: esta experiencia me acercó a la realidad de miles de familias que viven sin satisfacer necesidades básicas y me permitió entender que lamentablemente a veces la cooperación internacional no complementa sino que sustituye el rol que debe cumplir el Estado, cuya falta de gestión se transforma en vulneración de derechos. También me enseñó la importancia de la participación comunitaria para sostener los aportes de la cooperación. Evaluación de proyecto de educación en Tambillo-Esmeraldas: me impactó muchísimo y fue tal vez mi contacto más cercano con la pobreza extrema. Entendí lo difícil que es hablar de desarrollo u oportunidades donde las necesidades básicas no pueden ser satisfechas, y el enorme potencial de transformación de la educación en estos contextos. Educación superior en cárceles: me confrontó con mis temores y limitaciones, y con mi desconocimiento de los derechos humanos. Fue una experiencia invaluable que me hizo reafirmar la importancia del rol del Estado en la lucha contra la pobreza y la desigualdad y en la rehabilitación social. Visita de monitoreo a la frontera por la migración venezolana: la historia de Carmen Carcelén, una mujer del Chota de escasos recursos que recibió a más de 8 mil venezolanos caminantes en su casa, me enseñó que la solidaridad no exige condiciones ideales y que todos siempre podemos ayudar. Su fuerza y su historia son muy inspiradoras.

¿Cómo se construye una vocación de servicio en contextos donde el mérito no siempre es reconocido?

El reconocimiento es importante, pero tu valor y vocación no pueden depender de la validación de terceros. Tener un propósito claro y saber que estás aportando a causas importantes, más allá de tu desarrollo profesional,  es lo que muchas veces te permite continuar en espacios difíciles. Pese a lo complejos que fueron algunos entornos laborales, yo siempre encontré la forma de enamorarme de mi trabajo, de no perder la motivación y de lograr que sea interesante, porque no hay nada peor que tener que ir a trabajar todos los días sin interés. Siempre supe que era temporal, y que mientras tenga algo que aprender y algo que aportar, era un lugar donde podía continuar, sabiendo que cada experiencia me serviría para seguir caminando y que todo lo aprendido se quedaba conmigo. 

 

 

¿Qué mensaje daría a quienes buscan transformar sus países desde el servicio público, pero sienten que no tienen “las conexiones adecuadas”?

Que se preparen y que arriesguen, que pierdan el miedo a explorar y dar pasos incluso donde parece imposible. Siempre digo que toda aplicación fallida nos regala experiencia para la siguiente, hay que tomarlo como un entrenamiento, hasta que llega la oportunidad que nos permite arrancar. Muchas veces los privilegios, contactos o hasta la suerte te permiten entrar, pero sin conocimientos y habilidades resulta muy difícil mantenerse y tener un crecimiento profesional sostenible. También les diría que las mejores conexiones son las que se construyen desde el trabajo honesto, la integridad y la constancia, y que desde cualquier lugar podemos contribuir a cambiar un país. Si no se logra desde el servicio público, siempre quedan otros espacios desde donde se puede actuar. “Cada contribución cuenta”, como dice el lema del día internacional del voluntariado que celebramos el 5 de diciembre, y como antesala al 2026 que será el año internacional del voluntariado.

 

 

La historia de Rocío Vergara Chalhoub no es la historia de un ascenso lineal, sino la de una mujer que forjó su camino con esfuerzo y sobre bases sólidas. Su trayectoria demuestra que el desarrollo se construye desde las personas, que la cooperación internacional requiere sensibilidad además de técnica, y que el voluntariado, cuando se articula con visión y compromiso, puede sostener países enteros.

Rocío no representa solo un cargo en la ONU: representa a una generación de mujeres latinoamericanas que han hecho del servicio una forma de liderazgo.
Su historia recuerda que transformar el mundo no es un acto heroico inmediato, sino una suma de decisiones coherentes, silenciosas y valientes.

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