Rocío Vergara Chalhoub: De la acción local a la visión global, una trayectoria en desarrollo y cooperación internacional
Entrevista con Diego Pérez: Seguridad, territorio y la potencia de imaginar futuros posibles
Entrevista con Diego Pérez: Seguridad, territorio y la potencia de imaginar futuros posibles
Diego Pérez Enríquez ha dedicado más de dos décadas al análisis de política pública, seguridad, relaciones internacionales y transformación territorial. Con una sólida formación académica (maestría en Relaciones Internacionales, y doctorado en Ciencia Política) y una trayectoria que lo vincula a redes de pensamiento y organismos internacionales, Diego ha trabajado desde dentro de las estructuras y también desde espacios ciudadanos, buscando siempre ampliar la conversación sobre lo posible.
Originario de Ibarra y radicado en Quito, Diego no solo reflexiona sobre las narrativas de seguridad en Ecuador; también propone nuevas rutas. Es un convencido de que hay que reconectar a los ciudadanos con los espacios de decisión, el campo y la ciudad, e indagar sobre herramientas para la construcción de la paz desde nuevos espacios. Así lo conoció la Fundación Progressio Ecuador en 2022, y desde entonces el vínculo ha sido constante, creativo y lleno de ideas por desarrollar.
Hablamos con él sobre el país, la seguridad, las migraciones, el agave, las chacras… y sobre lo que pasa cuando se cruzan la política pública y la imaginación.

Diego, llevas más de 20 años analizando políticas de seguridad y relaciones internacionales. ¿Qué ha cambiado en tu forma de entender la seguridad en estos últimos años?
El cambio sustancial ha venido de la mano de una transformación de las dinámicas globales. Cuando terminé mi maestría, China era un objeto de atención lejano, se lo consideraba con poca seriedad y se pensaba que en un futuro muy lejano se convertiría en un actor relevante. Al mismo tiempo, las discusiones sobre el debilitamiento de los estados y las nuevas amenazas servían para pensar un lejano futuro. Las cosas cambiaron rápidamente. Los Estados perdieron sus capacidades de control territorial, las amenazas se ampliaron, y una serie de acciones desde organizaciones ilegales de múltiple naturaleza pusieron en riesgo la continuidad del control del territorio por parte del Estado en los términos clásicos. El caso de Colombia, que era “viejo” para América Latina, pues se extendía desde los años cincuenta, se multiplicó en México y Ecuador con dimensiones aún más preocupantes por la utilización indiscriminada de la violencia.
Al inicio de mi carrera procuraba entender los fenómenos desde su campo de especialidad, pero conforme he avanzado en el análisis, he comprendido por qué es necesario promover la interdisciplinariedad, el diálogo entre diversos actores, en posiciones que no se circunscriban al análisis “ilustrado” de la academia, sino que se extienda también a comprender lo que les sucede a los ciudadanos, los límites que tienen los ejecutores de la política pública, y, en lo posible, las motivaciones y la lógica de los decisores. En concreto, hoy creo en un análisis más dialéctico, más amplio, y, sobre todo, he aprendido a desconfiar de las visiones “totales”, las posiciones “definitivas”.
En 2022 conociste a Progressio Ecuador en un momento clave, cuando buscaban revertir la narrativa de inseguridad en el país. ¿Cómo fue ese primer encuentro y qué te hizo querer involucrarte?
Es fundamental el espíritu, la energía, que se genera en cualquier reunión. Eso fue lo primero que me surgió de manera muy evidente. Cuando conversas con alguien juega mucho la energía que se ponen en las visiones que comparten, y los colegas de Progressio, José Luis y Diego conversaron de manera tan apasionada que me resultó imposible no querer involucrarme y aportar con lo que podía a sus iniciativas. En aquel momento la discusión giraba en torno al turismo como un motor para la construcción de la cultura de paz. Fue sumamente interesante incorporar actores de la cultura, de los museos, del sector privado, aparte de los académicos.
Han trabajado juntos en la idea de conectar seguridad con turismo. ¿Cómo nace la noción de “turismo lento” y qué potencial tiene para los territorios que hoy sufren estigmas de violencia?
Los propulsores del concepto de turismo lento son José Luis Jácome y Diego Bonilla, y en su reflexión se plantea la necesidad de recuperar el tiempo, de disfrutar del viaje, del camino, y no necesariamente de “haber puesto los pies” en algún lugar distante, sino en compenetrarse con él, conocer su gente, adentrarse en sus dinámicas, “vivir” un lugar. Eso implica, también, identificar los problemas que pueden existir y discernir las nociones amplias del temor que genera la “inseguridad” versus la constatación de la cotidianidad. Para Ecuador, el incremento paulatino de la violencia ha afectado a múltiples comunidades, por lo menos desde 2018. Una progresiva reducción de la presencia del Estado provocó que una serie de poblaciones se enfrentaran a condiciones económicas complejas y la presión sistemática de los actores del crimen y delincuencia organizadas operando en sus territorios. La construcción de una narrativa social en torno a la sociedad amenazada, una difusión mediática intensa sobre el incremento de la violencia, y, la consecuente generación de respuestas estatales enmarcadas en la doctrina de la “mano dura”, alimentó la percepción de riesgo. A partir de este escenario general, la afectación al turismo multiplicó los problemas económicos de muchos ciudadanos que dependían de éste como una de sus principales fuentes de ingresos. Revertir estas condiciones es sumamente difícil si no se cuenta con la participación de todos los actores involucrados, pero, sobre todo, si es que no se logra trazar un horizonte que permita revertir las condiciones adversas, y esto sucede desde la construcción de comunidad. Para ello es fundamental que las comunidades se unan, que se conozcan sus dinámicas, y que, sobre todo, se pueda difundir al mundo sus realidades. Quizás, incluso, revertir la narrativa de que todo está mal; si bien hay condiciones complicadas, no todo está perdido, pero se necesita mucho esfuerzo conjunto para ello.

¿Cómo ves hoy la relación entre seguridad y migración en Ecuador? ¿Qué desafíos ha traído la movilidad reciente y qué oportunidades podrían aprovecharse?
Ecuador afronta los dos fenómenos de la migración. Es un país del que sale muchísima gente - y que ha tenido sus picos de emigración en los 2000 y desde el 2018 - pero, que también ha recibido muchísima migración como consecuencia del empeoramiento de la situación política en Venezuela. Eso generó tensiones, brotes xenófobos y también se recurrió al discurso fácil de asociar inseguridad y migración. En las condiciones de presión económica sobre el país y con un discurso global que privilegia los nacionalismos y denosta las diferencias, es sumamente grave la condición que atraviesan las sociedades que reciben migración y los migrantes. Y Ecuador tiene de los dos, por lo tanto, es necesario retornar a la construcción de condiciones de confianza entre los actores, devolver el sentido de la comunidad como punto de referencia, y a las instituciones del Estado como instancias capaces de proveer respuestas, mientras que la iniciativa privada puede mostrarse como un motor para la generación de oportunidades.
¿Qué papel juega la cultura —la identidad, la memoria, los saberes ancestrales— en la construcción de una seguridad más humana y sostenible. Hablando de identidad: eres de Ibarra, viviste en EE.UU. y Buenos Aires, y hoy estás en Quito. ¿Cómo han influido esos territorios en tu forma de pensar el país?
Además de tu trabajo académico, sabemos que te apasiona la literatura y que sueñas con escribir cuentos cortos. ¿Qué encuentras en la ficción que no encuentras en la política?
Si, mi anhelo con la literatura es una mezcla del recuerdo del tiempo que como niño pasaba con mi padre, cuando me leía las historias más divertidas y me invitaba a soñar mientras paseábamos por una serie de paisajes fabulosos en mi provincia, Imbabura; y, por otra parte, allí se conecta mi interés por las historias personales, por saber cómo es la gente. Siento que al mundo actual le falta belleza y sensibilidad; la política compila esos males, y en la literatura busco eso, un retorno a la esperanza y a la capacidad de los seres humanos para sobrellevar la crueldad. Vassili Grossman, en Vida y Destino, relata las formas más crueles y dramáticas de la vida confrontada con la maldad, y aún en esos relatos, tiene la sensibilidad de señalar unas pequeñas flores amarillas, al borde del camino de una cámara de gas. La maldad, la crueldad, creo que es inevitable en la cotidianidad, pero al mismo tiempo, creo que podemos reconstruirnos desde ahí.
He escrito algunos cuentos cortos justamente con esa pretensión de, en medio de la crueldad, volver la mirada a las pequeñas muestras de belleza o de esperanza que puede existir.
En medio de todos tus compromisos, priorizas pasar tiempo con tu hija. ¿Qué te enseña ella sobre el presente y sobre el futuro que queremos construir?
Aprendí que ese es el mejor tiempo del mundo. Me gusta caminar y conversar con ella porque me recuerda que el mundo siempre tiene cosas nuevas, siempre tiene razones para sonreir. Me fascinan sus ojos nuevos y la forma como va construyendo nuevas ideas. Ella es el futuro, y me devuelve el sentido de compromiso para impulsar tantos cambios como pueda para que los pueda disfrutar, para que en un mundo que cada vez se muestra más gris, ella y su generación puedan mantener la sonrisa, la emoción, y, sobre todo, la posibilidad de ser libres.
Finalmente, ¿qué te gustaría seguir desarrollando junto a Progressio Ecuador en los próximos años?
Quiero trabajar en la construcción de espacios significativos para la construcción de las políticas públicas de seguridad. Me interesa, particularmente, fomentar el diálogo para el futuro, para pensar cuáles son los cambios que queremos lograr, los acuerdos mínimos para garantizar un poquito de esperanza, más belleza, y mucha alegría. Creo que no se puede perder el deseo de soñar y eso es lo que debemos buscar.

Diego Pérez piensa desde la estructura, pero también desde el relato. Su capacidad de leer procesos complejos, reinterpretar conceptos como seguridad o territorio, y traducirlos en ideas creativas y accionables, lo convierten en un aliado clave para una fundación como Progressio, que busca transformar sin perder raíz.
En tiempos donde parece que todo se desborda, Diego nos recuerda que la seguridad no es solo contención, también es pertenencia, cuidado, memoria, vínculo. Y que imaginar otros futuros no es evasión: es una forma de resistencia.
Desde Progressio Ecuador, celebramos su mirada crítica, su claridad estratégica, y sobre todo, su capacidad de volver al centro de lo humano en todo lo que hace.
- Reyes González Sánchez
- 16 octubre, 2025
Compartir
Share on facebook
Facebook
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email
NOTICIAS RECIENTES
«Manos que crean y arrullan» llega a Casa Amamora: el arte del cuidado y la memoria en Cuenca
Entrevista con Diego Pérez: Seguridad, territorio y la potencia de imaginar futuros posibles
Una Democracia Más Allá del Norte: Innovaciones desde el Sur Global y la Cooperación como Herramienta de Gobernanza
NOTICIAS RECIENTES
Rocío Vergara Chalhoub: De la acción local a la visión global, una trayectoria en desarrollo y cooperación internacional
«Manos que crean y arrullan» llega a Casa Amamora: el arte del cuidado y la memoria en Cuenca
Entrevista con Diego Pérez: Seguridad, territorio y la potencia de imaginar futuros posibles
Una Democracia Más Allá del Norte: Innovaciones desde el Sur Global y la Cooperación como Herramienta de Gobernanza
